Exposición

Luis Quintanilla (1893-1978)

14.06.2021 - 24.09.2021

c/ Tantín, 25. Santander


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El MAS restaura toda su colección de estampas de Goya

Las 97 estampas propiedad del MAS, pertenecientes a 4 series diferentes, han sido restauradas en los últimos meses.

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El MAS restaura toda su colección de estampas de Goya

El MAS, que posee en propiedad 97 estampas de Francisco de Goya y Lucientes, pertenecientes a las cuatro famosas series citadas del aragonés, llevaba muchos años con el objetivo de restaurar todos los ejemplares que de su propiedad, tanto las 96 estampas donadas por Simón Cabarga, como una recientemente también donada por Simón Marchán, ésta perteneciente a la serie Tauromaquia y en estudio.

 

En principio, Francisco de Goya lleva a cabo un total de 277 estampas y grabados diferentes durante toda su vida: 18 litografías, y el resto bajo técnicas mixtas, sobresaliendo el aguafuerte, el aguatinta y la punta seca, entre otras variadas, acorde el carácter moderno y experimental perpetuo del artista. En total, el MAS posee el 35% de la producción total grabada del aragonés. Todos los ejemplares citados pertenecen a ediciones post mortem del artista, es decir, las de casi todas las cuatro famosas series existentes y conocidas que la Calcografía Nacional (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid) fue tirando mucho después al fallecimiento del genio aragonés. Muchos museos del planeta poseen estas series de ediciones de la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, recordando que, desde hace ya bastantes años, la Calcografía Nacional ya ha decidido no imprimir ejemplares, nunca más, para, entre otras cosas, proteger las matrices. Todo ello no desdice de la calidad, interés e importancia de las colecciones de estampas que las instituciones cántabras poseen de Goya.

 

Así pues, el MAS posee los siguientes ejemplares de estampas de Francisco de Goya, datos técnicos  proporcionados por el museo.

- Nueve de los Caprichos (1797-179), de los ochenta que componen la totalidad de la serie, de ediciones diferentes; estampas al aguafuerte y aguatinta, con retoques en punta seca y buril, sobre papel Arches, (con dimensiones variables: de 18 x 17 cm el mayor a 17,3 x 12,7 cm el menor); los números 66 y 71 pertenecen a la edición de 1926 y los números 12, 13, 19, 20, 24, 25 y 29, a la especial de 1937 del Gobierno de la República.

- De los Desastres de la guerra del MAS (1810-1815), estampas al aguafuerte y aguatinta, con ocasionales toques de punta seca, bruñido y aguada sobre  papel Arches (varían de 18,7 x 17 cm el mayor a 11,6 x 19,5 cm el menor), de la que el MAS tiene completa la séptima edición de 1930 de 80 ejemplares; se ha de recordar que la primera edición data de 1863, no tirada personalmente por el artista, que, originariamente, él pensó en titular Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Bonaparte. Y otros caprichos enfáticos; fue la Academia de San Fernando de Madrid con su primera edición es la que le otorga el título definitivo sintetizado de los Desastres de la guerra.

- De la Tauromaquia (c. 1814-1816), el MAS posee los números 2, 4 y 10, estampas sobre papel Arches con filigrana M.B.M. (19,9 x 30,6 cm; 20,7x 31cm., 19,7 x 31,1 cm), cuarta edición de 1905; y el número 1, aguafuerte (17,5x22 cm), de la sexta edición de 1929.

- Por fin, de los Disparates  (Sueños / Proverbios) el MAS conserva en propiedad tres aguafuertes en papel semigrueso con filigrana Arches (32,5 x 21,2 cm, 21,7 x 32,7 cm, 23,2 x 20,7 cm), de la octava edición de 1930, en concreto los excepcionales números 8, 9 y 10, y tan íntimamente ligados a Las pinturas negras.

 

Evidentemente, la labor previa, siempre ha pasado obviamente por el análisis y estudio del estado de conservación de las estampas. Éstas presentaban diversos deterioros sobre el soporte celulósico, debido a la acción de la acidez y la proliferación de hongos y que generan en el soporte manchas y aureolas redondeadas de diferentes diámetros y color oscuro, que afectan a los márgenes de los grabados y,  en muchos casos, al espejo de impresión, generando una incorrecta lectura de las imágenes, provocando a su vez la degradación de la celulosa y una apariencia algodonosa, consecuencia de la pérdida del apresto del papel. Presentaban también un alto grado de suciedad superficial. Tanto la humedad ambiental como la acción de la luz, como perpetuos elementos naturales de deterioro desde el momento de sus tiradas, han llevado a que la superficie de la totalidad de los grabados, presentara fuertes decoloraciones, provocado un amarillamiento del papel y una depolimerización de la fibra de celulosa, llegando a presentar, incluso, roturas del papel.

 

Conocedores del estado de la cuestión y retomada la importante cuestión, desde hace tiempo, el Museo de Arte de Santander deseaba, pues, restaurar toda la colección, varias veces planteado desde hace bastantes años. En el verano de 2019 el museo santanderino volvió a focalizar el objetivo de su restauración que consiguió para llevarlo a término en 2020, propuesta y planteamiento que, por fin, ya se ha llevado a cabo y hoy es una realidad. Para ello, previó y reservó 12.000 euros de su presupuesto de cara a este delicado trabajo, contando con dos profesionales y especialistas en conservación y restauración de obra sobre papel y radicados en la región: Ángel Gómez Sánchez y Guiliano Camilleri. El taller se montó en uno de los ámbitos del edificio Casyc en donde se procedió a la restauración.

Ángel Gómez acometió la labor de restauración de la serie completa de los Desastres de la guerra. Y Giuliano Camilleri (Art Papel de Santillana del Mar) restauró todo el resto, además de un volumen de bibliófilo de Vicente Aleixandre (Los encuentros, 1958) con las cubiertas debidas a Joan Miró –cuyo gouache original dedicado a La luna que posee el MAS por generosa donación de Pablo Beltrán de Heredia, a quien precisamente se debe la edición de coleccionista citada de Aleixandre-, particular volumen que en su día perteneció concretamente a Julio Maruri, poseedor por ello de dibujos originales del artista pintados directamente en el volumen, artista fallecido hace poco tiempo y ejemplar de bibliófilo que el MAS adquirió el año pasado.

 

El exhaustivo análisis previo ocular y con luz UVA, ha permitido abordar una correcta y delicada intervención de restauración que se ha prolongado durante muchos meses de este año. Los trabajos se centraron en las limpiezas superficiales, en seco y húmedo, de todas las piezas; la eliminación  de la suciedad incrustada y manchas; puntual desacidificación y blanqueado en alguno de los casos y por determinación; eliminación de residuos y grasas; reintegración de zonas perdidas con injertos de detalle con papel japonés; laminación en alguna pieza que tenía el soporte muy deteriorado (laminación del soporte con velo japonés para mejorar la estabilidad del grabado); excepcional reintegración de color de alguna laguna… Estos procesos e intervenciones han sido delicados, con limpiezas en húmedo y en seco, prensados, planchados, limpiezas puntuales y generales, reintegraciones de papel, etc., labores de gran especialización, llevadas a cabo durante varios meses, entre marzo y noviembre de este 2020. A la restauración, le sigue y seguirá otra imprescindible y obligada labor permanente de conservación, ya comenzada de forma inmediata, con el objetivo para 2021 de poder conservar las estampas en adecuadas cajas de conservación confeccionadas ex profeso en cartón de ph neutro, al igual que ya se ha hecho con la citada y especial obra de Aleixandre/Miró/Maruri.

 

“Esta importante, vital e histórica restauración, se enmarca dentro del habitual e intenso trabajo ordinario del MAS, técnico, científico e investigador, altamente cualificado, a pesar de no contar con la sede física de su edificio, y a pesar de la terrible pandemia”, resume Javier Ceruti. Expuestas de forma completa por dos veces en tan corto período de tiempo (2014 y 2019), “ahora toca otro obligado y largo período de descanso / oscuridad para las estampas, algo técnicamente obligado y habitual”, comenta el director del MAS.

Con esta histórica y paciente restauración, largamente anhelada, se ha cumplido, pues, uno de los objetivos prioritarios que tenía el MAS desde hace unos años a esta parte, como ha sido la restauración de todas las estampas de Goya de su propiedad. Ello, unido a la excelente restauración del óleo del Fernando VII (1814) de Goya que se llevó a cabo en 1994 en los talleres del Museo del Prado, hace que toda la obra del genial aragonés del MAS, esté revisada y controlada, correctamente conservada y cuidada.

 

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